jueves, 28 de mayo de 2020

Ovillos que van y vienen

Imagine un ovillo. Una esfera de lana, soga, hilo, lo que sea. No importa el grosor ni el color. Imaginemos juntos, igualmente, una pelota de lana bordo. Atémosla, por qué no, a un clavo en el suelo y dejemos que se desenrolle suavemente. En su camino podemos ver como nuestro redondo viajero avanza a la par que otras lanas, sogas e hilos. Algunas se cruzan, otras van a la par y, ocasionalmente, vemos a dos que se entrelazan fuertemente.

Pero volvamos a nuestro amigo colorado. Ya lleva un cuarto de si extendido, pero todavía queda mucho alargar. En un momento, el marinero rojo se cruza con una lana amarilla pálida, que seguramente tenga su clavo-ancla n alguna otra parte. Este ovillo, comparablemente más pequeño y prolijo, comienza a acompañar a nuestro viajante. Luego de unos cuantos centímetros a la par, comienzan a intercalarse el uno con el otro formando un nuevo cordel rubio y rojo. Tras esta fuerte unión, continúan más juntos que antes, su trayecto. Acompañan a otros ovillos de cientos de colores y se entremezclan con muchos otros, pero siempre terminan dejándolos atrás. Solo quedan ellos dos; el cordón bordo y despeluchado y la fina lana pajiza.

Lamentablemente, como era de esperarse, los ovillos se hacen más pequeños, consecuencia de recorrer mucho trecho. Los zigzagueantes caminos y los eventuales dobleces de estas suaves esferas, hacen que se mezclen pero también que se gasten. Pero nuevamente, volvamos a nuestro amigo y su acompañante. Ellos siguen juntos, reducidos pero juntos. Esto es natural, mientras más camino cubra, menos le queda por recorrer.  Nuestra pareja continúa, firme pero minúscula, hasta el punto donde solo queda extender un último doblez. Se frenan, uno al lado del otro, y luego de un breve suspenso, dan ese pequeño pero gran paso para llegar a la meta de todo, juntos.

Le voy a pedir una cosa, querido lector; no sienta pena, por esta pareja de viajeros que llegaron al fin de su trayecto. Este es el ciclo de todo y nada puede hacerse. Me disculpo, si hay algo. Antes, si es tan amable, el extremo amarillo con el extremo bordo ¿Lo hizo? Excelente. Como decía, no le guarde pena a nuestros amigos redondos, los ovillos van y vienen. Algunos se chocan, otros se sobrepasan. Eventualmente algunos ejemplares se mueven alejados. De manera contraria, se pueden ver manadas de galopantes carretes. Pero cada uno deja su historia y su recorrido plasmado.

Miré, detrás suyo hay un escurridizo ovillito de hilo verde…lo invito a ver, conmigo, su divagar.


Facundo Carrasco



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