sábado, 23 de mayo de 2020

El obrero

    No es fácil. No es fácil levantarse con los gritos de un hombre que dice ser tu patrón. Pero yo tengo que hacerlo. No quiero no comer por pereza.  Es deshonroso. No es fácil seguir una rutina que te obliga a usar un pico cuando aún no salió el sol.

    A media mañana, el sudor ya surca entre mis hombros y los callos en las manos palpitan a reventar. Ya no duelen, solo supuran.

    Me pregunto: ¿Por qué estoy acá? ¿Por qué hago esta labor? A esto  el jefe me responde, a veces con un tono tosco y serio, que esta es mi misión y mi lugar en el mundo. Luego de eso, vuelvo a sufrir, pero lleno de orgullo y con una sonrisa en el rostro. Mi misión, mi destino.


Facundo Carrasco

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