martes, 16 de junio de 2020

Adivinanzas en una parada de colectivo

Un hombre camina por la vereda. Desde acá no se llega a ver mucho. Camina tranquilo y  a mitad de su recorrido se sienta en la parada de colectivo. Espera un rato, pero es raro que esté ahí tan tarde, los colectivos pasan con menos frecuencia.

Por más que se movió, todavía no se ve muy bien. No se puede distinguir su rostro, como va vestido, si lleva un sombrero, las expresiones faciales. Es raro que esté esperando el colectivo a esa hora ¿Cómo llegó ahí? ¿Estará esperando a alguien? No es posible saber nada de eso.

Tratar de adivinar quién es esa persona sin poder verla no es tarea fácil. Podría ser un maestro, un abogado o un albañil. Tal vez es un traficante o es un asesino. Tal vez, no podemos saberlo. No lleva distintivos que nos den pistas. No hay casco, anteojos o un cuchillo sangrante en su cinturón. Tampoco es posible adivinar a partir de los gestos. Pareciera un hombre sin cara.

                Tras unos quince minutos de ese incesante acertijo, por la vuelta de la esquina doblan unas luces blancas. Es mi colectivo. Me levanto, cierro mi libro y freno el transporte, pero antes de subir me doy vuelta y observo a mi compañero de espera. Lo analizo brevemente y mientras subo las escaleras para pagar mi boleto, exhalo tranquilo. Solamente era un hombre. Solo un hombre más, como los que había en el colectivo.

Facundo carrasco

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los Recreados

               Brío Terkik se despertó, aquel martes plomizo, a eso de las siete en punto. Anhelaba sentir un tiempo más la tibia sensación ...